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  • Dominika

Denme solamente un pollo


Apilo libros en un carro, empujo el carro hacia las pilas, encuentro las filas de libros y los devuelvo a su ubicación predeterminada. Es un trabajo aburrido, humillante y al borde del sinsentido, pero al menos no es físico. Al final de mi jornada laboral, tengo energía para escribir. Haciendo rodar mi carrito bajo la guía numérica de la Biblioteca del Congreso, marco mis días recordando las comidas, y no es la comida que te podrías imaginar. No es un desfile de platos gourmet, barrocos como los papas y el doble de ricos. Nada de escribanos hortelanos fantasiosos, delicados huesos de pájaro cantor crujiendo mientras la grasa corre por mi barbilla cubierta por un velo. Nada de cenas orquestadas por Thomas Keller, cada plato un compás tocado en una gran sinfonía pura al borde del exceso wagneriano. Nada de festines sabrosos y sedosos de los siete peces; nada de efusivos y burbujeantes banquetes de espumas, extractos y mousses de El Bulli.
No, los platos que me presenta mi memoria son austeros como una toca. Un simple plato de tomates cortados que rezuman sus tripas calentadas por el sol, rociados con aceite y espolvoreados con escamas de sal blanca como un diamante. Una gruesa rebanada de pan fresco y caliente con mantequilla de color amarillo margarita. La piel crujiente de un pollo asado chisporroteando grasa caliente en mi boca. Un plato de bayas embadurnado con crema obscenamente espesa. Son los alimentos, Dios me ayude, que mi madre habría servido.
Un cierto tipo de hambre, de Chelsea G. Summers (traducción propia)*


“¡Mamá, tengo hambre! ¿Cuándo estará lista la comida?” es una frase que he comenzado a temer durante los fines de semana. Últimamente, las horas parecen haber comenzado a pasar más rápido, estámos cada vez mas ocupados y me he estado quedando corta de ideas de cosas que pudiera preparar rápidamente, siempre sabrosas y que mis dos hijos quieran comer. Añádase a esto el problema de sacar tiempo para ir a hacer las compras a fin de tener listos los ingredientes. Nada de tagliatelle alla bolognese, empanadillas chinas, pizzas caseras (con la masa hecha de cero) o los deditos de pescado frescos. La selección se ha reducido a la sopa de tomate (hecha a base de un caldo comprado), nuggets de pollo frito o albóndigas al horno. Nuevamente. No es que los niños rechacen comer cada semana este menú reducido, sino que somos nosotros, los adultos, los que tenemos nuestros límites.


Me gusta desafiarme mí misma en la cocina, lo que no significa que no atesore recetas deliciosas y sin complicaciones. Las encuentro, de vez en cuando, al leer una revista, al chequear posts en Instagram o al revisar uno de mis libros de cocina, siendo esta última la forma en la que encontré la receta del pollo asado Zuni (del Libro de Cocina del Café Zuni). Todo lo que necesitaba era un pollo entero, algunas hierbas frescas y sal y pimienta. Sazonar, dejar reposar, asar y luego comer. No se requiere marinar, agregar mantequilla o aceite, hacer relleno o rociarlo, solo voltear el pollo dos veces mientras se hornea. Sonaba bastante simple.


Si bien, según la receta original se debería salar el ave con tres días de anticipación -lo cual no hice pero lo intentaré la próxima vez- esta fue una forma rápida y sin complicaciones de preparer el almuerzo, mientras también tuve tiempo de ducharme, terminar mi maquillaje y limpiar el desorden que hiceron los niños. También marqué la página del libro y anoté la receta porque si algo me ha enseñado la experiencia, es que de nada sirve mi sistema de tomar notas mentales que destierra las recetas a compartimentos aleatorios de mi cerebro, haciéndolas así irrecuperables en el futuro cuando realmente surja la necesidad de ellas.


Horneé, además, algunas papas fritas congeladas y sazoné un poco de verduras frescas con aceite de oliva y jugo de limón. Fue un éxito. Una vez que vi los pequeños pulgares levantarse y a mi esposo demasiado ocupado saboreando la piel crujiente como para siquiera hacer un comentario, supe que este plato entraría en nuestro repertorio. La próxima vez intentaré agregar un poco de limón o cambiar la mezcla de hierbas, de esta manera extenderé mis opciones de almuerzo por unas pocas semanas más. Las cosas más complicadas las dejaré para cuando tenga más tiempo, a altas horas de la noche, cuando todos se hayan ido a dormir.


*En caso de no ser possible obtener la versión en español de los materiales citados, se ofrece una traducción porpia.


Leer Receta para el pollo Zuni

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