• Dominika

Pan de Banana y Nueces



Cuando mi madre anunció que se marchaba de Polonia con mi padre al país natal de él –Ecuador, mi abuela pensó que nunca más la volvería a ver. Corría el año 1981. Entre llantos y lamentos - me contó alguna vez- logró recordar que Ecuador era un país con grandes yacimientos de petróleo y gran productor de bananas. Una mujer aparentemente simple, con educación meramente básica, mi abuela era una mujer de una gran inteligencia y una voraz lectora. En alguna ocasión, había aterrizado en sus manos una revista con un artículo sobre ese país de Sudamérica.


Eran tiempos en los que se escribía cartas y ambas lo hacían religiosamente, llenando hojas y hojas con todo tipo de detalles –buenos, claro está, lo malo raramente debía ser admitido y expuesto- del día a día en Ambato (después Quito) y en Zawiercie. De vez en cuando, mi abuela despegaba de la piel de una banana la etiqueta en la que se informaba que la fruta era ´Producto de Ecuador´ y la adhería a una de sus cartas. Gastar sus difícilmente ahorrados zlotys en ese lujo era una de las formas que encontró para hacerle saber a mi madre que pensaba en ella. Se volvieron a ver varias veces en los años que vinieron después, pero ésta fue una costumbre que le duró a mi abuela hasta los últimos días en que su mente conservó la agudeza y sus piernas le obedecieron y aguantaron la travesía a la tienda. Nunca compró bananas que proviniesen de cualquier otro lugar.


Cuando era niña, nunca me gustaron las bananas. Al crecer rodeada de ellas, eran la última cosa que se me antojaba. Y no recuerdo el preciso momento en el que probé por primera vez el pastel de banana con nueces, pero sé que nunca pensé que aquella fruta, aburrida para mí, podía saber tan bien, menos aún, al saber que el mejor resultado se obtiene al usar las bananas más feas, aquellas maduras, de color amarillo intenso con manchas y manchas de color café oscuro.


A través de los años y, en diferentes latitudes, me han venido ganas de hornearlo una que otra vez y, cuando voy en busca de la fruta al mercado, siempre me fijo en la etiqueta. Desde luego, eran de Ecuador las bananas pecosas que ayer reposaban junto a la ventana de mi cocina y, estaba claro cuál iba a ser su destino. Hoy en la mañana, mientras mordía un pedazo de pastel leí que el 23 de enero es el día Internacional del Pan de Banana y Nueces, ¿quién lo hubiera dicho?





Receta para el pan de banana y nueces con salsa de caramelo salado

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