• Dominika

Temporada de Fiestas



En los últimos años nuestras navidades han sido exóticas y variopintas, diferentes ciudades, diferentes culturas. Recuerdo aquel año en el que la celebramos en Kota Kinabalu en Borneo, cenando en un puesto de comida junto al mar pescado asado en hoja de plátano, calamares fritos, camarones salteados y luego bebiendo cervezas frías en un bar manejado por una Holandesa. Al año siguiente, decidimos quedarnos en Pekín, cuando solo unos días antes nuestra familia de dos se convirtiera en una familia de tres. Compramos un árbol fresco, fragante y frondoso que decoramos con bombillos de vidrio transparentes y plateados y luces blancas brillantes. Ordenamos sushi, sashimi y rollitos de uno de los mejores restaurantes japoneses de la ciudad, que al final comimos sin mucho apetito porque no nada se veía tan atractivo aplastado en los contenedores de plástico; y por los efectos de mi desbalance hormonal post-parto. La siguiente Nochebuena nos encontró en Taipei, buscando una farmacia cuando el primer diente de nuestra hija decidió ver la luz del día en ese mismo momento causándole un gran dolor, fiebre e irritación. Ordenamos algunos platos de marisco y pescado en un restaurante local, pero la comida era lo último en nuestras mentes. El año pasado celebramos las Fiestas en la ciudad de Quanzhou, Fujian, sobre una cacerola humeante (hot pot) de pescado fulminantemente picante, con tofu, verduras y brotes de soja y un par de cervezas bien frías. Este año, decidimos a lo tradicional y pasar una Navidad familiar en Polonia.


La Nochebuena en Polonia es un día de ayuno. La velada comienza con un gesto simbólico de compartir obleas previamente bendecidas en la Iglesia (opłatek) y ofreciéndose buenos deseos unos a otros. Luego, se sirve la cena. Todos los platos -según la tradición, deben haber doce – no llevan carne.


Comenzamos con una sopa de hongos porcini (zupa borowikowa), seguido de bandejas con empanadillas rellenas de col fermentada y hongos (pierogi z kapustą kiszoną i grzybami), carpas fritas, luciopercas con salsa de rebozuelos (sandacz z kurkami), arenques en gelatina (śledź w galarecie), arenque en salsa de mostaza (śledź w sosie musztardowym), arenque en curtido con cebollas (śledź w zalewie), bacalao al estilo “griego” (dorsz po grecku) y salmón ahumado. Para el postre pan de jengibre (piernik), pastel de manzana (szarlotka), pastel de requesón (sernik), rollo de semillas de amapola (makowiec) y pastel de merengue (tort bezowy). Comimos, cantamos villancicos y esperamos con impaciencia al invitado de honor. Papá Noel parecía un poco cansado y delgado este año (nada que un buen Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda no pudiera curar), pero lleno de carisma y deseo de recompensar a los pequeños que han sido buenos y obedientes - al menos durante aquel día.





Los días que siguieron nos trasladamos hacia el sur, a Zakopane - "La capital de invierno polaca", como a algunos les gusta llamarla, donde pasamos a platos un poco más contundentes, ubicuos en los "szałas" locales: codillo de cerdo asado (golonka) con col fermentada, empanadillas de patata y queso fresco (ruskie pierogi), chuletas de ternera con porcini (borowiki), morcilla (kaszanka), hígados de pollo con cebolla y manzanas, steak tartar (befsztyk tatarski), panqueques de patata con gulash (placek po zbójnicku), el típico queso de oveja (oscypek) con mermelada de arándano rojo (borówka), solo para nombrar unos pocos. La buena comida de la montaña debe ser complementada con varias pintas de cerveza polaca o, incluso mejor, con schnapps locales. A medida que el Año Nuevo lentamente hacía su entrada, los excesos del año anterior fueron dejados atrás y las truchas de montaña (pstrąg) y esturiones (jesiotr) parecieron la opción razonable. Yo, personalmente prefiero la lucioperca, y para mi gran sorpresa, una de las pizzerías italianas de la ciudad, además de hacer pizzas muy decentes, también me ofreció un delicioso trozo de pecado asado con migas de pan, lentejas negras y un puré de topinambur también conocido como alcachofa de Jerusalén, girasolillo, pataca o castaña de tierra – cuyo sabor pude finalmente descubrir. Quién hubiera pensado que sería en Zakopane.

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